El desayuno es exactamente lo que su nombre indica: “des-ayuno” (romper el ayuno). Cuando te levantas por la mañana pueden haber pasado, fácilmente, entre 8 y 12 horas desde la última vez que comiste y el nivel de glucógeno en la sangre está por los suelos. Tu cerebro funciona con un suministro constante de glucógeno, por eso es tan importante comenzar el día con un desayuno potente.
Cuando hablo de glucógeno, me refeiero a alimentos con un bajo índice glucémico, debido a su efecto sobre el metabolismo del cuerpo. El exceso de azúcar refinado (de alto índice glucémico) produce un alto nivel de glucógeno “temporal” que es seguido por un «bajón glucémico», que se transforma en una pérdida de energía. Los desayunos con bajo índice glucémico se metabolizan más lentamente y permiten economizar la energía, así como mantenerte saciado durante más tiempo. Comenzar el día sin «repostar el motor» de tu cuerpo puede traducirse en falta de concentración, irritabilidad, bajo nivel de azúcar en la sangre y unas ganas terribles de algo dulce a mitad de la mañana.
Otro punto a tener en cuenta es qué necesidades particulares tenemos justo después de desayunar. Si necesitas estar alerta, mentalmente activo y con la máxima energía (como es tu caso, querido opositor y opositora, debes comenzar con un aporte altamente proteico. En cambio, si lo que necesitamos es sentirnos en paz con el mundo y tranquilos debemos apostar por hidratos de carbono complejos. O sea, dejémoslo para el día de descanso.
Te voy a proponer dos desayunos diferentes y muy ricos, aunque tendrás que dedicarles un poquitín de tiempo en la cocina. Recuerda que la alimentación consciente («mindfoodness») implica también disfrutar de los procesos. Partimos de la misma rebanada de pan, el que más te guste. Si es integral, tendrás más aporte de fibra. Ambas opciones llevan huevo, por lo que la ingesta de proteína es apropiada. Añade tu bebida habitual: café con leche, cacao o té, o la infusión de tu preferencia.
Para golosos: tostada francesa con frutas frescas
Para una persona necesitas:
1 huevo grande
1 cucharada de leche o bebida vegetal
2 rebanadas de pan
1 cucharadita de canela
1 cucharadita de miel
1 cucharada de mantequilla para la sartén
Fruta fresca en trozos, la que prefieras
Bates bien el huevo en un bowl o plato hondo, le agregas la leche y la canela y mojas las rebanadas de pan en esta mezcla, esperando hasta que absorban el líquido. En una sartén a fuego medio, derrites la mantequilla y doras las rebanadas de pan a tu gusto. Cuida de que no se quemen, pero que queden doradas. Sírvelas en un plato, con la fruta troceada por encima y un hilito de la miel y ¡chúpate los dedos!
Para saladetes: tostada francesa con jamón
Para una persona necesitas:
1 huevo grande
1 cucharada de leche o bebida vegetal
2 rebanadas de pan
1 pizca de pimienta y otra de sal
2 lonchas de jamón cocido
2 lonchas de queso gruyère
1 cucharada de mantequilla para la sartén
Bates bien el huevo en un bowl o plato hondo, le agregas la leche, sal y pimienta y mojas las rebanadas de pan en esta mezcla, esperando hasta que absorban el líquido. En una sartén a fuego medio, derrites la mantequilla y doras las rebanadas de pan a tu gusto. Cuida de que no se quemen, pero que queden doradas. monta el emparedado con la tostada, el jamón y el queso y pásalos unos minutos por el grill para que se derrita el queso. ¡y a disfrutar!